jueves, 17 de agosto de 2017

El "clipse" de sol.


Adaptación libre de "El clis de sol" del Costarricense Manuel González Magón


Esto lector no es propiamente un cuento sino la historia que de labios de Don Pánfilo, amigo de años, gente del campo y como suele ser la gente del campo, humilde, trabajadora y sincera, escuché. Hará cosa de cinco meses días más días menos que me la contó y sin quitarle ni ponerle y sin emitir juicio alguno, la consigno aquí para que cada quien la entienda y la interprete según su leal entender.

Una tarde de verano llegó a verme Don Pánfilo con dos hermosas niñas como de dos años y medio, gemelitas, "de la misma camada" como me dijo él llamadas María Dolores y Pilar María, chulas las güeritas con unos ojos de rutilante azul, con sus trenzas rubias como espigas de trigo, blancas como alabastro y de mejillas rubicundas. Era inevitable apreciar el contraste entre la belleza de ese par de hermosas niñas con la tosquedad de las facciones y la oscura piel de Don Pánfilo, con su mirada involuntariamente torva y los polvorones que de sus huaraches se alcanzaban a divisar por lo que lógicamente le pregunté de inmediato por el orgulloso progenitor de las gemelitas. Inmediatamente su expresión cambió, esbozó una orgullosa sonrisa, lanzó un sonoro escupitajo al suelo limpiándose con la mano la boca y ufano contestó:

-¡pos yo mero, yo mesmamente soy el Tata!, "manque" esté mal decirlo...ya sé que no se parecen a mí mi señor pero es que su madre, mi vieja pos tampoco está tan "pior", además que para mi Dios no hay nada que no se pueda...

-óigame don Pánfilo pero, ¿es que su esposa es así de rubia o sus abuelos o alguien en la familia?

-¡ah que mi señor, pos claro que no!, todos en la familia de mi vieja y de la mía "semos" re bien prietos...

-entonces don Pánfilo, ¿cómo es que estas niñas nacieron así, con esos ojos, con esa piel, con ese pelo?

Don Pánfilo rompió en una estrepitosa carcajada y después me dirigió una mirada como si hubiera yo confesado que ignoraba que la tierra es redonda.

-Pero don Pánfilo, ¿de qué se ríe usted?

-Ah qué mi señor, hasta parece mentira que yo, un humilde campesino, un "pión" analfabeta sepa más que "usté" que es un licenciado "léido y escrebido"...

-a ver don Pánfilo, explíqueme usted porque la mera verdad no entiendo nada.
Don Pánfilo se arrellanó en el equipal en que se hallaba, adoptó una actitud como de quien sabe que tiene el toro por los cuernos, la sartén por el mango y los pelos de la burra en la mano, sacó un pañuelo que de arrugado y sucio parecía pergamino del Mar Muerto, se sonó la nariz ruidosamente, miró hacia arriba como buscando inspiración y comenzó su explicación:

-Pos mire mi señor, su merced se acordará que "ora" en marzo se hicieron tres años ya del "clipse" ese que hubo y en que se hizo de noche todo el pueblo; bueno pues como unos veinte días antes de eso mi vieja la Hortensia quedó en estado de buena esperanza de las dos gemelitas. Pos a partir de ahí mi Hortensia agarró como un desasosiego, como una "inquietú" muy grande, como si "juera" una gran angustia y no hacía más que salirse del jacal y quedarse mirando "pal" cielo desde que amanecía y hasta la noche, entrando nada más a veces a ver las cosas de la comida y de los chamacos. Ya "endenantes" la Hortensia en ese estado se había puesto bien harto antojadiza, cuando nació mi "Jelipe" le agarró bien "juerte" el antojo que una noche me tuve que salir a buscarle capulines, no "juera" que el chamaco "juera" a nacer con cara de capulín. Bueno "pos" el día del "clipse" ese ella estuvo "áhi" viendo para arriba desde la mañana y hasta que se hizo de noche. Así siguió la Hortensia del diario hasta que nacieron estas dos muchachitas y qué cree mi señor, "pos" al principio como que me amosqué de verlas tan blanquitas y tan güeritas y con sus ojotes así de claritos como charquitos de agua de arroyo claro, pero "ende" que nacieron llegaron las bendiciones a nuestra casa, "ora" sí que trajeron su tortota mi señor...el señor Cura me las pide para las festividades, en la Navidad me las pone al frente de la letanía de las posadas, el Alcalde también las procura en las festividades para presidirlas y les compra sus vestiditos y les dan hasta su lanita, "nombre" mi señor, harta gente del pueblo hasta se "enmuina" por la envidia de ver amis chamacas y...

Interrumpí a Don Felipe temiendo que su narración entusiasta no fuera a acabar nunca.

-Bueno Don Felipe pero, ¿y luego?

-"Pos" y luego qué mi señor, "pos" ya le estoy diciendo que "jué" que mi Hortensia se la pasó mirando el cielo cuando el "clipse" de sol que mis niñas salieron tan re chulas de güeritas; ¿a poco su "merce" no sabía que eso pasa?

-Pues no, no lo sabía pero, ¿y cómo es que usted Don Felipe sin escuela ni nada sabía eso?

-No mi señor, "pos" "pa" qué más que la "verdá" yo eso no lo sabía. ¿Su "mercé" conoce a ese maestro Italiano, el que vino a arreglar las torres de la Parroquia, un "julano" güero alto alto muy recio y que come en nuestra casa desde hace cuatro años?

-No Don Felipe...

-Bueno, "pos" él "mesmamente" es el que me explicó los del "clipse" de sol.

ALFONSO ROMERO