viernes, 15 de mayo de 2020


No lo menciono mucho porque quizá no fue, no lo fueron esos años, tan relevantes en mi vida, quizá debieron haberlo sido. La vida me habitó, no yo a ella sin pedir permiso y sin aviso previo. Mis impulsos adolescentes me llevaron a integrarme a una importante Compañía teatral, hablo de los años 70, la Compañía de Opereta y Zarzuela de Cristina Ortega; con ella pude pisar las tablas del Teatro en aquél entonces "Independencia" hoy San Jerónimo, el "Tepeyac" del cual ahora soy vecino, pude ir de gira y decir ufano que pude pisar las tablas del "Degollado" en Guadalajara o del Manuel Doblado en Guanajuato. A resultas de ello fui convocado a dar clases de Arte Dramático en los ya desaparecidos Centros de Bienestar Familiar patrocinados por el IMSS. Cada curso era coronado por el montaje de una obra teatral que, con el debido patrocinio (camión que nos llevaba y regresaba, escenografía, lunch etc) representábamos en cada una de las entonces Delegaciones Políticas los domingos; Años después, ya en los ochentas, pude impartir clases de Mercadotecnia al 6o y 7o Semestres de la Universidad del Bajío en León Guanajuato en la Facultad de Comunicación. Nunca he sido maestro de nada, pero sí he pisado aulas y he dado clases.

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